domingo, 16 de marzo de 2008

Vídeo: "Los últimos serán los primeros".

Es difícil para una persona pensar y resignarse a ser el último en cualquier actividad, sea ésta académica, económica, deportiva, social o de cualquier otra especie. Pareciese que lo más valioso para cada uno de nosotros es ser el más importante, el primero o al menos estar colocados dentro de los primeros puestos en las actividades que desarrollamos y en las metas que tratamos de lograr. Desafortunadamente no se puede ser el primero en todas las cosas, actividades, metas, propósitos y fines para los cuales hemos sido llamados en esta vida. La palabra de Dios, sin embargo, nos ofrece el bálsamo y el remedio para quienes les ha -- o nos ha -- tocado ocupar el último en los asientos, el último en la cola, el último en los éxitos, el último en la salud, el último en lo académico, el último en lo económico, el último en el amor y así podemos seguir mencionando las diferentes situaciones en las cuales no siempre se ocupará el primer lugar. Pero como ya se ha dicho anteriormente: la palabra de Dios nos ratifica que los últimos serán los primeros y pará demostrar esta gran verdad bastará únicamente que le pasemos revista a la vida, obra y trayectoria de muchas personas a las que conocemos y en el peor de los casos a nuestra propia vida y nuestra propia trayectoria. En la generalidad de los casos la condición de último no es sinónimo de ser un fracasado o tal vez un incapaz, incompetente o quizás un holgazán, vago, poco inclinado a trabajar y más bien orientado a la flojera, al ocio y a eso que en Latinoamérica llaman: haragán. Insisto los últimos tienen en la vida que les tocó vivir una gran misión para con la humanidad y para con el padre creador. Lo importante es descubrir esta situación y darnos cuenta de que el servicio a los demás, el sacrificio por ayudar a los que menos tienen , aunque en esa situación ofrendemos hasta lo poco que tenemos ; el altruismo, la lucha por la justicia la verdad, la vida austera y apegada a los valores éticos y morales son los distintivos de quien ocupa el lugar último en cualquier actividad o situación Salvo que esa situación de ser el último obedezca a razones distintas a las que hemos señalado. De allí que no te atormente saber que terrenalmente eres el último, pues serás el primero en el reino de los cielos, puesto que tu capacidad de servicio para el bien, para el desprotegido, tu disposición para combatir la injusticia, la mentira, el mal, la corrupción etc. te hacen digno acreedor de ese premio del cual habló el apóstol san Pablo: la vida eterna en la Casa del Señor.

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