lunes, 16 de junio de 2008

Entre sueños ajenos, pesadillas y sueños propios.


“El hombre mediocre es una sombra proyectada por la sociedad”

(José Ingenieros).

Alguien me contaba sobre un sueño recurrente que había tenido durante varios días, y en el cual yo tenía una participación activa… Incluso me reveló que el sueño discurría en una universidad latinoamericana, en la que se procedería a elegir sus autoridades, los representantes de su máximo organismo: El Consejo de la Facultad, los miembros de sus órganos académicos: Los Consejos de Escuela, los órganos representantes de los estudiantes, así como todas las autoridades centrales: Rector, Vicerrectores y Secretaria, lo mismo que las máximas autoridades de una universidad, como las que componen el Consejo Universitario. En mi sueño, que es donde apareció el extraño o ese alguien, dejó entrever un conjunto de situaciones que si realmente existieran, serían tan deplorables que habría que pedirles a quienes aspiran a los diferentes cargos que van a elegirse, que renunciaran, por cuanto no tienen ni las credenciales éticas, ni las morales y académicas que se requieren para poseer la condición de “autoridad universitaria”. En el sueño, estas personas, según me contó el extraño, no tienen auctoritas; como yo en el sueño no recordaba lo que era auctoritas, le inquirí sobre su significación, y esto me dijo: En Derecho romano se entiende por auctoritas una cierta legitimación socialmente reconocida, que procede de un saber y que se otorga a una serie de ciudadanos. Ostenta la auctoritas aquella personalidad o institución, que tiene capacidad moral para emitir una opinión cualificada sobre una decisión. Si bien dicha decisión no es vinculante legalmente, ni puede ser impuesta, tiene un valor de índole moral muy fuerte. El concepto se contrapone al de potestas o poder socialmente reconocido. La fuente de auctoritas fue principalmente el Senado romano, si bien una serie de personalidades importantes también la tenían cuando no ocupaban cargos de magistraturas con potestas”. En este extraño sueño, soñado por otro, donde yo participo, pero a la vez también sueño, se ha transformado en una pesadilla cuando el extraño me refiere lo siguiente: Compañero onírico… en esa universidad todo está perdido, la gente dice que hay que votar por el menos malo ¿pero cómo se vota por el menos malo? ¿Acaso la maldad siempre tiene oportunidad para enseñoriarse con el poder? Me contó que entre los candidatos hay, por ejemplo, gente que obtuvo su título sin asistir a ni una sola clase, por lo que la complicidad de los profesores saltaba la vista, más la inmoralidad del hoy candidato. Pero la pesadilla no se quedó ahí, me habló también de un prototipo de investigador que tenía muchos años dándoselas de editor y enriqueciéndose no solamente con esta actividad, sino con la multiplicidad de viajes que realiza al exterior, y con los cursos que dicta en otras universidades, no obstante ser profesor a Dedicación Exclusiva. Este sujeto lo dejaron entrar a un partido político; hizo como la zorra: fue sacando a cada uno de los miembros del partido hasta quedarse con el rancho y con las uvas. Dice el extraño compañero de sueño que no ganaría ni una elección en su propio condominio, y que es más falso que un billete de trece bolívares. Con ganas de querer despertar, pero sin poder lograrlo, pues era tan vívido el sueño que por algún momento pensé que era realidad, por ello no podía volver. El extraño me manifestó que otro candidato había sido apoderado de una empresa de telecomunicaciones, en la cual trabajó sin renunciar a su sueldo en la universidad, a pesar de que ostentaba también dedicación exclusiva, y según la mala lengua de mi fantasmagórico acompañante, quebró a la empresa, se fue para un posgrado y ha viajado más que un presidente latinoamericano todavía en actividad, dizque en busca de mejorar el área que cultiva, viajes de los cuales únicamente ha traído rábanos y cebollas. Había pensado, en mi sueño, y en el sueño del extraño que me contó y en el que yo participé, que ya no habían más sorpresas, no obstante, ese alguien expuso que había otro candidato que en el ejercicio profesional era prácticamente una especie de “Padre de la Familia”, y que los jueces y otros abogados, solamente al verlo se santiguaban y le pedían a San Ivo y a San Judas Tadeo que los protegiera y que nunca en su vida tuvieran la oportunidad de confrontarlo como abogado en un juicio. Dijo el extraño que también estaba conectado con el poder jurídico de su universidad, y que allí se tomaban decisiones según su criterio, y yo le pregunté ¿Por qué lo dices? Pero no me respondió. Dicen que asesora y administra de manera perfecta, por cuanto él aconseja, dice cómo se reparte, pero le queda la mejor parte. También me informó que hay dos candidatos que no van a la pelea: uno porque es muy bueno y no le gustan las cosas malas, y la otra porque siendo buena se juntó con los malos, todo esto según el extraño, situación de la que se dio cuenta por la vestimenta roja rojita que uno de estos candidatos usaba. Pero en las alturas del poder me dijo el soñador la cosa está peor, porque los que están no han servido, y los que se quieren quedar, como no aprendieron a gobernar, lo quieren hacer ahora con todo y gazapos, y los que quieren entrar, esos sí que están peor que na’, porque de gobernar nadita, y de manipular y atesorar, mucho. Yo le respondí, en mi sueño, aunque él me dijo que en su sueño había una contradicción, por cuanto en el de él yo le dije que los candidatos eran buenos, pero no terminé la frase… y en mi sueño, según me cuenta el extraño, yo le dije que no eran buenos sino mejores, pero tampoco terminé la frase. Entrando las primeras horas de la madrugada, todo exhausto desperté, después de haber visto las caras de quienes se disputaban esa elección en el sueño-pesadilla que acababa de tener, entonces yo me dije: “Menos mal que fue un sueño convertido en pesadilla, porque en la vida real LA PELÍCULA APENAS COMIENZA”.

A todos los miembros de la comunidad universitaria les advierto, que como esto fue un sueño-pesadilla, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. De manera que no está dicho lo que otros creen haber leído, ni lo leído está conforme con lo dicho. José Ingenieros en su obra “El Hombre Mediocre” (Edit. Grijalbo. Caracas. 1980) nos recuerda: "El hombre mediocre es una sombra proyectada por la sociedad".

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