LA NOTA CORTA
POR PROF. DR. MERVY ENRIQUE GONZÁLEZ FUENMAYOR.
MARACAIBO.ESTADO ZULIA. VENEZUELA. AMÉRICA DEL SUR.
TRASLADADO A LA RED EN JUEVES 28 DE AGOSTO DE 2008.
“LOS TOGADOS FRAUDULENTOS"
Hoy todo el mundo quiere estudiar, o todo el mundo dice que estudia. Una especie de fiebre incontenible recorre los espacios de la humanidad y en ese sentido la mayor parte de las personas tiene un cuaderno o lo exhiben para evidenciar con ello, que es un ser preocupado por la cultura, por el conocimiento o simple y llanamente es una persona que quiere superarse y lograr algún título académico. Esta situación por sí misma no es mala y antes por el contrario, debemos alegrarnos porque existan personas que se preocupen por superarse, por alcanzar niveles más altos en la educación, en la academia y en la vida social. La situación que atrae nuestra atención es la educación propiamente dicha o la enseñanza que se imparte o se recibe. En la actualidad pululan centros educativos o de enseñanza en los cuales por ejemplo la enseñanza primaria que en mi país dura seis años, se imparte en ellos, en un periodo de seis meses. Por otra parte el bachillerato o la secundaria que se hace en un periodo de cinco años, es dictado en un período de tres o cuatro semestres, obteniendo así el aspirante el título de bachiller para poder ingresar al educación universitaria. Pero luego nos encontramos con otra modalidad que es la de los llamados: institutos universitarios, que no son universidades propiamente dichas y en los cuales se obtiene el título de técnico superior universitario.
Debo aclarar que no estoy en contra de estas modalidades, pero quiero dejar constancia de que en muchos de esos lugares la educación que se imparte no es la más idónea, sus programas no están ajustados a los contenidos científicos educativos actuales, una gran porción de sus profesionales, encargados de dictar docencia, tampoco están preparados para hacerlo, de allí que algunos de tales institutos universitarios o centros de enseñanza secundaria o primaria son realmente instituciones que cometen fraude no solamente a las leyes del sector educativo vigente, sino también no egresan de sus aulas profesionales competentes y aptos, por supuesto que deben salvarse las excepciones de rigor, pues es malo generalizar el asunto o problema que tratamos. De allí el título de esta nota corta: los togados fraudulentos. Practique usted un mero ejercicio para poder precisar si está en presencia de este tipo de profesional o si de verdad se trata de uno competente, capaz y apto. Converse con el, pregúntele algunos temas elementales de la carrera con la cual está vinculado, observe cómo se expresa, mida su vocabulario, plantéele ejemplos comparativos buscando solución a la pregunta que usted le hace. Fácilmente usted descubrirá cuando se trata de un togado fraudulento. Debo también expresar que algunas universidades tampoco escapan de esta realidad.
Mi experiencia como profesor universitario me permite afirmar que existe un sector bastante numeroso de esos egresados, que no son capaces a veces ni siquiera de leer correctamente, de interpretar lo que se ha leído, es lo que llaman hoy analfabetas funcionales. Ellos han ingresado al sistema educativo pero aún no lograron aprender o sus maestros o profesores no les enseñaron, bien porque estos también eran incapaces o porque el sistema vigente para el acto educativo no era el más eficiente, también es probable que el tráfico de influencias y el grado de deterioro que caracteriza algunas instituciones hagan plausible la graduación de tan superficiales profesionales. Por otro lado, como la sociedad ha venido involucionando al tiempo que se quiere mostrar como exitosa, prospera y encumbrada, no tiene otro remedio que presentar como bueno lo que es malo, y lo malo como bueno. Son las contradicciones de este mundo en el cual lo valores más trascendentes del ser humano se han visto desplazados por el facilismo, la mentira, el engaño, el fraude y todo lo nugatorio de lo más relevante y preciado del ser humano. Ruego a Dios, para que no se cruce usted con algunos de estos togados, pues tal acercamiento sobre todo si se trata de evacuar alguna consulta o solucionar algún problema, puede ser tan funesto que hasta su vida pudiera estar en peligro.
ETIQUETAS: peligro, fraude, togado, falsos, valores.
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jueves, 28 de agosto de 2008
LA NOTA CORTA " LOS TOGADOS FRAUDULENTOS"
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Mervy Enrique Gonzalez Fuenmayor
En horario de:
9:45 p.m.
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domingo, 20 de enero de 2008
Titulitis, Doctoritis y Maestritis
Por Mervy Enrique González Fuenmayor
Maracaibo-Estado Zulia .Venezuela. América del Sur
- Maracaibo, 21de Enero 2008–
(re-edición)
Maracaibo-Estado Zulia .Venezuela. América del Sur
- Maracaibo, 21de Enero 2008–
(re-edición)
De un tiempo acá, dada mi condición de catedrático universitario en las aulas de nuestra casa de las leyes en la muy ilustre Universidad del Zulia, he podido reflexionar sobre una situación atinente a la proliferación de títulos, doctorados, especializaciones, posgrados y maestrías que mas que una necesidad que requiere ser cumplida en atención a la satisfacción de los aspirantes en orden a la vocación, servicio, actitud, aptitud de ellos, vinculadas estas con las exigencias que impone la sociedad venezolana; se traducen mas bien en un asunto rayano algunas veces en la trivialidad. Recientemente le pregunté a uno de mis colegas y alumnos en la Maestría de Derecho Laboral ¿Qué lo motivaba a realizar estos estudios de Posgrado? y me respondió: “bueno aunque la materia laboral no me gusta pienso que como ese juicio es nuevo y oral, vi una oportunidad de ser de los primeros en graduarme con la nueva Ley Procesal Laboral, además de ganarme un dinero y porque ahora ser laboralista da fama y prestigio”. Confieso que esa respuesta me causó desconcierto, desazón y tristeza.
Ese episodio es solo una pequeña muestra de lo que pareciera ser una característica de la “Posmodernidad Venezolana”. Amigo lector a cuantos profesionales universitarios conoce usted que han logrado reunir en su persona títulos tan poco afines como la Ingeniería, el Derecho y la Medicina o tal vez la Contaduría, Veterinaria y Periodismo. No se piense que racionalmente esté en contra de esos “afanes” ya que hay gente que estudia únicamente para “conocer y que lo conozcan” y no para colocar a disposición de la sociedad y la comunidad sus conocimientos ora en el campo del ejercicio profesional ora en el campo de la docencia y de la investigación. Esta realidad se corrobora con la siguiente hipótesis de ocurrencia frecuente: “pregúntele a cualquiera de estos “politogados” (muchos títulos soportados en papeles) alguna temática relacionada con la solución de variados problemas de las carreras en las cuales se han graduado”. La repuesta lo dejara atónito. El balbuceo, la tartamudez y las expresiones incoherentes suelen aparecer como por arte de magia. Ello es comprensible por cuanto los esfuerzos que hicieron para coronar con éxito la carrera solamente estuvieron inspirados por la aprobación de la misma y no en el aprendizaje. Uno de mis “viejos profesores” me manifestó en alguna oportunidad que un sector muy importante de profesionales universitarios que acumulan títulos, doctorados y maestrías, aunque académicamente estén legalizados para tales grados, generalmente en lo único que están aptos es en el primer grado o profesión que obtuvieron. Es la excepción que un Abogado sea un buen Medico o que un Arquitecto lo sea en el campo de la Ciencias Veterinarias. Estas reflexiones son producto de la experiencia que he logrado acumular como Docente en el área
de Posgrado lo que viene a confirmar igualmente la expresión según la cual un “titulo o varios” no te garantizan que quien los ostenta o exhibe este capacitado para ejercerlo. Finalmente es pertinente colacionar un pequeño extracto de la Escritura Sagrada relacionada con la el LIBRO DE LA SABIDURIA que nos enseña: “Tus juicios son grandiosos e inexplicables. Por eso, la gente que no aprende se equivoca” (Sabiduría capitulo 17, versículos 1-2)
Ese episodio es solo una pequeña muestra de lo que pareciera ser una característica de la “Posmodernidad Venezolana”. Amigo lector a cuantos profesionales universitarios conoce usted que han logrado reunir en su persona títulos tan poco afines como la Ingeniería, el Derecho y la Medicina o tal vez la Contaduría, Veterinaria y Periodismo. No se piense que racionalmente esté en contra de esos “afanes” ya que hay gente que estudia únicamente para “conocer y que lo conozcan” y no para colocar a disposición de la sociedad y la comunidad sus conocimientos ora en el campo del ejercicio profesional ora en el campo de la docencia y de la investigación. Esta realidad se corrobora con la siguiente hipótesis de ocurrencia frecuente: “pregúntele a cualquiera de estos “politogados” (muchos títulos soportados en papeles) alguna temática relacionada con la solución de variados problemas de las carreras en las cuales se han graduado”. La repuesta lo dejara atónito. El balbuceo, la tartamudez y las expresiones incoherentes suelen aparecer como por arte de magia. Ello es comprensible por cuanto los esfuerzos que hicieron para coronar con éxito la carrera solamente estuvieron inspirados por la aprobación de la misma y no en el aprendizaje. Uno de mis “viejos profesores” me manifestó en alguna oportunidad que un sector muy importante de profesionales universitarios que acumulan títulos, doctorados y maestrías, aunque académicamente estén legalizados para tales grados, generalmente en lo único que están aptos es en el primer grado o profesión que obtuvieron. Es la excepción que un Abogado sea un buen Medico o que un Arquitecto lo sea en el campo de la Ciencias Veterinarias. Estas reflexiones son producto de la experiencia que he logrado acumular como Docente en el área
de Posgrado lo que viene a confirmar igualmente la expresión según la cual un “titulo o varios” no te garantizan que quien los ostenta o exhibe este capacitado para ejercerlo. Finalmente es pertinente colacionar un pequeño extracto de la Escritura Sagrada relacionada con la el LIBRO DE LA SABIDURIA que nos enseña: “Tus juicios son grandiosos e inexplicables. Por eso, la gente que no aprende se equivoca” (Sabiduría capitulo 17, versículos 1-2)
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Mervy Enrique Gonzalez Fuenmayor
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